viernes, 28 de octubre de 2011

JORDÁN BRUNO GENTA, EL GRAN CAMARADA


Verbo, vita et sanguine docuit


Daniel Omar González Céspedes


El domingo 27 de octubre de 1974 caía acribillado Jordán Bruno Genta. Nos mataban al Gran Camarada. El enemigo de ayer -que es el mismo de hoy- creía que “apuntando a la cabeza” terminaría con él y con lo que éste representaba. ¡Cómo se equivocó! Ya que su vida y su magisterio suscitaron la admiración de muchos que hoy queremos continuar con sus enseñanzas. Porque el dar la vida por Dios y por la Patria no es vano a los ojos del Señor de las Batallas y sabemos que “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”.
El mejor homenaje, a treinta y siete años de su muerte, es intentar imitarlo, es decir, dar nosotros mismo testimonio. ¿Cómo? “como los antiguos mártires, y los millares de Santos que refulgen en la historia de la Iglesia, dar testimonio de que la vida es tanto más digna de ser vivida, cuanto más dedicada está al servicio de Dios, de sus mandamientos y de una causa justa, como es la de nuestra Patria restaurada en Cristo”. [1].
Si queremos ser fieles a Dios y a nuestra Patria argentina tenemos que tener en nuestra alma la disposición al martirio, lo cual no quiere decir que el Señor nos lo vaya a pedir; pero insisto, la disposición interior debe estar.
Derramar nuestra sangre por Cristo reviste un carácter extraordinario. Pero el testimonio puede revestir también un carácter ordinario. Hablamos, entonces, del testimonio de la palabra y de la conducta. Estos dos, el Señor sí nos lo reclama. No es fácil pero debemos ser fieles a ese testimonio silencioso, constante, difícil, incomprendido y heroico.
Se ha hablado y “opinado” bastante sobre si la muerte de Jordán Bruno Genta revistió un carácter martirial debido al carácter político de él.
Ha sido Santo Tomás de Aquino quien enseñó que también por el bien de la república se puede llegar a ser mártir: “El bien de la república es el más alto entre los bienes humanos. Pero el bien divino, causa propia del martirio, es más excelente que el humano. Sin embargo, como el bien humano puede hacerse divino al referirse a Dios, cualquier bien humano puede ser causa del martirio en cuanto referido a Dios” (2-2, 124, 5, c.).
Digámoslo claramente y con todas las letras. Es martirio en sentido estricto de la palabra. Al maestro Genta lo matan por odio a la fe (odium fidei). Sus asesinos así lo manifestaron en una satánica carta dirigida al entonces director de la Revista Cabildo, Don Ricardo Curutchet [2].
Entre las muchísimas enseñanzas que le debemos a Genta quisiéramos rescatar las siguientes:
Fue, ante todo, un maestro en el sentido estricto de la palabra. Lo fue porque era un contemplativo. El verdadero magisterio no es otro más que aquel que tiene su fuente en la Verdad que se enseña. Contemplar y manifestar lo contemplado. He aquí la nobilísima misión magisterial. Y gracias a que le dio preeminencia al ocio es que pudo conocer y entender la realidad tal como se presentaba. Avizoró el peligro que se cernía sobre la Patria y por eso se dedicó al adoctrinamiento.
Nos legó la más alta doctrina de guerra contrarrevolucionaria, tan vigente como necesaria para hoy. Allí nos enseña las verdades que hay que defender y los errores que debemos combatir.
Amaba a esta bendita tierra argentina. De allí que: “El Nacionalismo argentino necesita que la Patria sea amada y servida en Cristo, por todos aquellos que abracen su causa y sean capaces del sentido heroico de la vida.
Tan sólo investidos con la fuerza de Cristo y de María, será posible enfrentar y vencer a las legiones del Padre de la Mentira que están arrasando las Naciones con el poder del dinero y el poder de la Subversión [3]. Por eso es que quiso para el Nacionalismo la solidez y el rigor de una elevada doctrina política, libre de todas aquellas ideologías destructoras y disolventes del alma de la Patria. Nos dejó la más clara y precisa definición de cómo tiene que ser nuestro Nacionalismo: “constructivo y restaurador, jerárquico e integrador, cristiano y argentino en su contenido y en su estilo. Una afirmación soberana frente a la Plutocracia y al Comunismo” [4].
La opción política que planteó no fue infructuosa. Es la misma que hoy necesita esta desgarrada patria. Véase la tremenda vigencia de sus palabras: “La Soberanía política de la nación cuyo ejercicio hace posible el servicio del Bien Común, no se funda en los derechos del hombre y del ciudadano, ni en el sufragio universal, sino en la manifestación más pura y más elevada de la persona humana que es el sacrificio […] El principio de su única opción política debe ser el Reino de Cristo en el alma y en la Ciudad. No caben los términos medios, ni transigencia, ni concesión, ni componenda en nada. Su lenguaje y sus acciones, sí, sí y no, no. Esta es la conducta que nos dicta la virtud prudencial informada y realizada por la Caridad” [5]. Sabemos de algunos que han planteado que la opción política de Genta es pura teoría pero que es estéril ya que no podría ser aplicada. Estamos totalmente en desacuerdo. ¿Por qué lo mató el enemigo? El orden temporal debe ser conforme a la fe. Estúdiese y medítese en serio su libro Opción Política del Cristiano y después charlamos.
Su muerte “sobre el asfalto y el lirio”, tratando de hacer la Señal de la Santa Cruz, fue su última y más grande lección. Con ella nos enseña que vale la pena vivir luchando por los más altos ideales.
El día anterior a su martirio había pronunciado una conferencia en homenaje al Doctor Angélico en el VII centenario de su muerte. La comenzó diciendo: “Vivimos una hora grave, solemne y decisiva. Acaso sea mejor para los hombres, y en especial para los cristianos, tener que vivir peligrosamente, expuestos a morir en cualquier momento. Digo que acaso sea mejor, porque aún antes del Cristianismo, el verdadero fundador de la Filosofía en Occidente, que fue Sócrates, enseñó que la Filosofía es una preparación para la muerte. Y nosotros adoramos a un Dios hecho hombre, crucificado por amor, en la figura del fracaso y de la muerte. No hay, pues, otro modo de llegar a la Vida verdadera, que recorrer el itinerario de Nuestro Señor Jesucristo” [6].
Que Nuestro Señor Jesucristo nos conceda la gracia de que la muerte nos encuentre -al igual que al maestro Genta- en esa definición católica y nacionalista que profesó y a la cual consagró su vida.

[1] Genta, Jordán Bruno, El asalto terrorista al poder, Ed. Santiago Apóstol, Bs. As., 1999, p. 261.
[2] El tenor de la carta (donde se refieren a Genta y a Sacheri) habla a las claras que en la redacción hubo una mano religiosa apóstata.
[3] Genta, Jordán Bruno, El Nacionalismo argentino, Ed. Cultura Argentina, Bs. As., 1972, pp. 103 y 104.
[4] Ídem ant., p. 91.
[5] Genta, Jordán Bruno, Opción política del cristiano, Ed. Cultura Argentina, Bs. As., 1977, pp. 37 y 40.
[6] Genta, Jordán Bruno, Testamento Político, Ed. del Buen Combate, Bs. As., 1984, p. 25.

jueves, 27 de octubre de 2011


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Ángel de luto


Letra: Gabriela Caponnetto


Música: fernando López